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FIL vs AntiFil: una contienda literaria en Lima

Por Gloria Alvitres (Comité organizador Antifil)

Publicado: 2017-08-14


Un día antes de que finalice la Feria Internacional del Libro (FIL Lima 2017) me decidí a ir. Una hora de trayecto, diez minutos para avanzar unos metros y una pantalla LED recibía a los visitantes que hacían colas de cinco cuadras para llegar a las taquillas. La gran feria del libro era un espectáculo y esa noche tocaba Mar de Copas. Apenas hace unas semanas, estábamos organizando la AntiFil. 'La Casa Anti' solo tenía una modesta publicidad en la puerta que decía: ingreso libre. Era un espacio multidisciplinario donde el centro eran los artistas jóvenes.

Vista desde ese punto, la FIL parece un gigante: bancos, universidades, escuelas, casas editoriales, importadoras. Todo reunido en el Parque de los Próceres y planificado casi al milímetro para sostenerse durante dos semanas y traer autores de tan lejanos países como México, Israel y un gran etcétera. En este punto, he de confesar que todos los años voy a la FIL, que hasta hace cuatro años llevaba a mi prima menor a comprar libros y recoger volantes u obsequios en los stands de las embajadas.

La FIL es un espacio sumamente interesante, donde uno puede excavar entre las ofertas o bien pasarse la tarde escuchando charlas y presentaciones de libros. Para quienes amamos las letras, el contacto con el libro nuevo se convierte en un ritual, porque luego este texto pasará a ser un compañero y cómplice durante días y noches. En este Perú, donde las noticias sobre compresión lectora son siempre las más pesimistas, contagiar ese amor por la lectura tiene que ser algún tipo de arte y de lucha.

Así lo asumimos en la AntiFil cuando vimos que el coste del ingreso a la Feria había subido el año pasado. Nos llevó a pensar en la falta de acceso, en quienes no podían pagar la entrada porque tenían que comprar un menú. Ese fue el punto disparador. Porque detrás nos encontramos con un circuito editorial marginal: con autores que se autopublican y recorren ferias dejando material; con editoriales cartoneras cuyo sistema de cooperativa era sumamente interesante, pero que no lograban hacerse espacio en ferias más grandes. Muchos otros, fotocopiaban textos para reducir costos y así difundir, por medio del fanzine textos feministas o anarquistas. Les hacía falta, a todos ellos, un punto de encuentro como la AntiFil.

La AntiFil, en ese sentido, emergió para cuestionar el formato de feria de libro. Fue una feria multidisciplinaria donde las actividades ocurrían en paralelo: audiovisuales, fotografía, galería de arte, performances y, por supuesto, presentaciones de libros, talleres y conversatorios. El libro fue el punto de inicio para pensar en el diálogo entre las artes y su acceso. ¿Por qué en el siglo XXI donde las barreras entre las artes se difuminan, tenemos museos y galerías tan acartonados, espacios tan diferenciados unos de otros?

Puede ser que nos ganó también nuestra inclinación a los formatos multitasking. Somos una generación que vive inmersa en la red, en medio de un sinnúmero de pantallas y temáticas para su elección. Todo sucede en paralelo en ese mundo en el que hemos nacido. Así, en el espacio de la AntiFil conjugamos esa inquietud con la propuesta de lo multidisciplinario. La pileta de la casa era una galería de fotografía, pero también un espacio de recital de poesía. Múltiples puertas se podían abrir y el asistente ingresaba a lo que mejor se acomodaba a sus intereses. Desde esa propuesta arriesgada, la Antifil abre la contienda a otras ferias como la FIL.

En sus temáticas, la Antifil no se guardó nada: género, medio ambiente, LGTBIQ, interculturalidad, movimientos en resistencia. La FIL, por su parte, ha tenido igualmente espacios para estas temáticas y destaca la participación de mujeres poetas y escritoras, así como publicaciones feministas. En el espacio académico el análisis social resaltan los libros que abordan la memoria, corrupción, el gobierno, la economía. También los comics se han hecho un lugar y han ganado cada vez más lectores. Son tiempos de reivindicaciones, sin duda.

Nuestra pregunta siempre está desde el lado de los otros y otras. Las nuevas ideas y conceptos fluyen en los círculos intelectuales y la academia. ¿Cómo hacer para que lleguen al colegio de Collique, al aula de 40 alumnos, donde la maestra hace jornadas dobles para enseñar historia? La gratuidad en el acceso nos parece un primer paso.

Las convocatorias públicas para presentar propuestas enriquecen el escenario artístico. Muchas voces se quedan fuera de los espacios oficiales, entonces hay que escucharlas, darles un lugar. Es una tarea ambiciosa, sin duda. La propuesta AntiFil está en constante mutación y diálogo.

Sabemos que la cultura es un espacio simbólico donde caben contiendas literarias como la que iniciamos, que no tiene el ánimo de matar al gigante con brazos de molino, sino de enriquecer la cultura. Los hijos se rebelan a los padres literarios y se reafirman en su libertad. Así avanzamos hacia nuevas alternativas. La Antifil no debe entenderse como una oposición a la FIL, nos decía Aldo Biglia, un poeta chileno, sino como una gran posibilidad. En esa idea nos reafirmamos y en nuestra rebeldía.


(Publicado en la revista Verboser.)


Escrito por

Gloria Alvitres Aliaga

Narradora. Parte del Colectivo Ojos de Papel y de la Plataforma ANTIFIL


Publicado en

Nosotras creadoras

Crónicas sobre mujeres artistas, creadoras, impulsoras de iniciativas que sueñan y luchan por cambiar el mundo.